20.6.11

El corazón del jardín.

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Su vestido rozaba las hojas a cada paso y hacía que murmuraran palabras desconocidas para ellos. Ella iba caminando maravillada por los colores de las flores, él iba a su lado observando los secretos de un jardín mucho más viejo que los dos juntos. Hasta ese momento había sido un día tranquilo, quizá un poco extraño por las miradas fugaces que de vez en cuando escapaban de ellos para encontrarse en medio de un comentario casual y provocar unas cuantas sonrisas tan tímidas como sinceras.

No supieron como habían llegado. En algún punto del día empezaron a platicar y a caminar sin fijarse demasiado en la dirección ni el tiempo; mientras más avanzaban menos gente había y de pronto se encontraron solos en la entrada de ese jardín misterioso. Ella estaba segura de nunca haber estado ahí, él no tanto.

Su primera reacción al entrar fue quedarse callados; al respirar los dos sentían cómo el aire que exhalaban se llevaba las palabras que no tenía sentido pronunciar, tratar de describir el jardín era como insultarlo y no había necesidad de mencionar la belleza evidente.
Iban juntos y no se permitían separarse por ningún motivo, compartían en silencio la magia del lugar y cada quien trataba de guardar cada instante, para nunca olvidar.
Los árboles, viejos y sabios, fijaban sus ojos en él y movían sus ramas tratando de indicarle el camino, mientras que las flores despedían un brillo intenso cuando ella las veía y sus pétalos se abrían esperando ser acariciados. El jardín los recibió con agrado y celebraba su visita como si los hubiera esperado por años.

Avanzaron recibiendo direcciones a través de su sentidos, la naturaleza, con todos sus secretos y su lenguaje mucho más viejo que el de los hombres, los guió a través del jardín hasta su parte más profunda donde residía el corazón de todo lo que ahí vivía.

Una vez ahí, se detuvieron. Ella veía, sin mirar, hacia todos lados. Él, mirando con atención, encontró lo que iban buscando y la visión de ese objeto lo llevó en su mente a un tiempo que creía olvidado; atrapadas en una telaraña de recuerdos descubrió las imágenes de la primera vez que había estado en el jardín y tras la revelación no pudo más que sonreír por haber regresado.

Tras unos instantes para aclarar su mente, se atrevió a hablar.

─¿Ves el espejo de agua al fondo? ─Dijo él señalando un objeto grande que se encontraba a unos cuantos metros.
─Es hermoso ─. Su voz expresaba una admiración por la belleza que no se comparaba con el resto del jardín.
─Yo lo hice hace muchos años, más de los que me atrevo a contar ─ dijo él tratando de recordar todo aquello que pertenecía al pasado de un hombre diferente. ─Solía pararme frente a él a observar el mundo que oculta... A veces, en las noches, me ponía a fumar y el humo se mezclaba con el agua distorsionando mi imagen, en algunas ocasiones me permitía ver el hombre que fui, en otras se reflejaba la silueta del hombre que trataba de ser─dijo tratando de ocultar la tristeza en su voz. ─Acércate, observa a través del agua y dime lo que ves.
Ella dio pasos cautelosos hacia el espejo mientras que su cuerpo decidía si temer o emocionarse por lo que pudiera ver. Una vez frente a él miró con calma y se relajó.
─Hay un hombre, creo que eres tú─ dijo ella tratando de encontrar las palabras adecuadas para describir la imagen ─. Pero vistes diferente, llevas un sombrero y traes un bastón en la mano... Espera, una mujer se acerca a él... ¿Soy yo? ─. La duda llenaba su voz y trataba de encontrarle significado a lo que veía.
─No lo sé, yo no puedo ver lo que tu ves. Dime, ¿eres tú?
─Creo que sí, es difícil decirlo, está feliz.
─Y tú no eres feliz ─dijo él revelando una verdad más fría que el agua del espejo.
─No. Mi felicidad no es como la de ella.
─Pero lo será. Mira bien─. Tanto árboles como flores esperaban inmóviles y el jardín que formaban ya no era el mismo que los había recibido.
─Soy yo y estoy contigo. Mis ojos... sus ojos, brillan. El bastón en tu mano brilla. Mírame, necesito ver tus ojos... sus ojos─ dijo ella con pausas que amenazaban romper la imagen.
─Mira profundo, no pierdas los detalles─ dijo él con voz tranquila─. Te estoy mirando desde otro tiempo, justo como ahora pero más lejos. Necesitas acercarte.
─Estoy tan cerca como puedo─ murmuró ella sin saber qué hacer, decepcionada.
─No es suficiente.Cruza ─indicó él con una voz que ella nunca había escuchado, con palabras llenas de certeza.

Ella cruzó. Al primer paso el agua mojó su rostro, aclaró su mirada y pudo ver.
La escena era la misma que en sus sueños. Ocultos en la oscuridad de la noche con cientos de estrellas fijando su luz en ellos. El tiempo detenido en un abrazo, sus miradas fijas conversando por ellos, sus labios tan cerca... separados por la expectativa y dos latidos rítmicos avanzando entre el silencio.
Y de pronto un movimiento convertido en beso por la magia oculta en las palabras que nunca dijeron.
Y la chispa entre ellos recorrió su piel y la hizo dar un paso hacia atrás, donde el agua volvía a ser sólo un espejo en el corazón de un jardín secreto donde ella y él se miraban volviendo real aquel reflejo.