27.9.10

Solos ella y yo

1 comentarios
La llamaré Lilia, por asuntos complicados, digámosle privacidad. Aquella noche me pidió nunca repetir su nombre en voz alta, bajo ninguna circunstancia; después de un pacto de sangre se acercó a mi y lo murmuró de manera que su nombre viajara a través del espacio y ni siquiera el aire fuera capaz de percibirlo, incluso ahora, cuando las cosas van mal, insisto en convencer a mi mente que, aquella noche, me imaginé su nombre y que de ella no sabré algo nunca más.


O al menos eso creía...


Mi error cayó fuerte sobre mis hombros cuando al entrar a mi apartamento la vi sentada en la barra, limpiándose un corte profundo en el hombro... con el mejor de mis vodkas.


Primero me enamoré de sus hombros desnudos y un segundo después me oí decir. - Mejor bebe el vodka, voy por alcohol - y antes de desaparecer por el pasillo me dijo como tratando de encantarme - Alejandro, voy a necesitar tu ayuda - y yo, como buen enamorado le dije - Lo sé.

16.7.10

Sí.

1 comentarios
No son las mentiras. No son las verdades. No son las miradas.
No son las sonrisas. No es el aire. No es la noche.
No son las palabras. No es el deseo.
No es la ausencia. No es el fondo.
No es la luz. No es el olvido.
No es la cama.
No son los sueños.
No es la tristeza.
No es el agua. No es la lluvia.
No es el silencio. No es la rutina.
No es el recuerdo. No es la agonía.
No es el placer. No es la culpa. No es el error.
No es la felicidad. No son los años. No es el destino.
No es la sombra. No es el camino. No son los días. No es el amor.
No es la confianza. No es el descuido. No es la perfección.
No son los aciertos. No es el pasado. No es la tierra.
No es el techo. No son los pasos. No es la puerta.
No es el espacio. No es la posibilidad.
No es el vacío. No es la paciencia.
No es el odio.
No es la ambición.
No es el fracaso.
No son los murmullos.
No es la voz. No es el presente.
No es la locura. No es el fin. No es la oscuridad.
No es el fuego. No es la pasión. No son los besos.
No es la mente. No es el encanto. No es la imaginación.
No es el secreto. No es lo perverso. No es el tiempo.

No... es ella.

No... es él.

16.6.10

A salvo...

2 comentarios
Y claro que por ella estoy dispuesto a darlo todo.
Y qué mejor justificación que saber que mi felicidad depende de su bienestar.
En mi historia queda claro lo que he sacrificado por estar a su lado y todo lo que he puesto en riesgo sólo por la obsesión de tenerla cerca.

Sin ella, todo propósito es absurdo, cualquier plan a futuro es impensable si algo le sucede. Siempre pensando en qué puede hacer un hombre como yo, solo, cansado y arrepentido. Mis años de gloria dedicados a causas mayores cuyo trasfondo no se me pódía confiar, siguiendo órdenes, persiguiendo una paz utópica, cuidando el sueño de millones de personas, encargado de su seguridad; y al mismo tiempo siendo un ser ausente, una sombra en el recuerdo de ella, una incógnita en su futuro pues al partir siempre existía la posibilidad de no volver.

Y ahora, retirado, busco compensar esa ausencia. He decidido enterrar los viejos tiempos y mantenerme vivo para poder verla sonreír. Pero hay costúmbres, habilidades aprendidas, que no pueden olvidarse, que se vuelven parte de tí, al igual que los sentidos.
Mi trabajo me enseñó lo peligroso que puede ser el mundo sin importar lo ideal y perfecta que una vida pueda parecer, aprendí a sospechar de todo y mi deber era evitar que cosas malas sucedieran.

Pareciera que tras años de hacer lo mismo, la rutina me volvió inútil. Sospeché del viaje a Europa y dormí intranquilo; y aún así no hice nada para evitarlo y mantenerla a salvo. Debo encontrarla, confiar en mi experiencia, asegurarme de que vuelva a sonreír y yo esté con ella para verlo.

Alguien se atrevió a robar a mi pequeña, apagando su sonrisa con la oscuridad de la maldad. Desde cualquier ángulo éste es un mundo cruel, la maldad es astuta, se alimenta de la inocencia y toma ventaja de la bondad.
Es un mundo cuya perversión conozco de cerca y a cuya oscuridad ya estoy acostumbrado. Los que la tomaron no imaginan que sé cómo llegar a ellos, a ella. Sólo es cuestión de tiempo.

La culpa y el amor son motores en la mente de un hombre, capaces de llevarlo al fin del mundo. En mi mente he acumulado bastante de ambas cosas.

La culpa de no estar para ella cuando me necesitaba, el amor que crece dentro de un padre hacia su hija sólo por el hecho de verla sonreír.

31.5.10

Moras

1 comentarios
Mientras María contemplaba las moras que su padre había dejado en el plato al levantarse de la mesa, sin despedirse... Javier se encontraba a 822 Km. tratando de contar cada bola de una mora, solo, mirando al cielo, asociando su cuenta con el número de estrellas.

María, tímida, como cometiendo algún pecado, mordía un par de bolitas cada vez. Javier, abstraído, las pinchaba con un alfiler.

Y poco a poco las estrellas iban muriendo con un ácido sabor en la boca de María... con manchas moradas en los dedos de Javier.

10.4.10

Demonio y flor...

1 comentarios
La miré a los ojos y le dije toda la verdad. Pero la verdad no era más que una historia que, como tal, tenía que ser contada con las palabras adecuadas; de otra manera corría el riesgo de quedar frente a ella, frente a su mirada, como un mentiroso al que se le han agotado los recursos más sutiles.
Se trataba de una historia llena de dudas y certezas inventadas, cosas que había imaginado o soñado desde que la conocí, y esa era mi forma de decirle que pensaba en ella, sin importar lo extraño de mis ideas.

Y ahí estábamos, en un silencio muy propio de nosotros; sin tomar en cuenta el tiempo y esperando escuchar la voz del otro.
─ Para mí, a veces eres una clase de demonio ─le dije mirando cómo jugueteaba con sus dedos ─. uno muy hermoso ─añadí mientras subía mi mirada para encontrarla sonriendo como sólo ella sabe hacerlo cuando digo cosas que parecen no tener sentido.
Yo esperaba silencio de nuevo.
─ ¿Y eso por qué? ─ me preguntó con una curiosidad que pocas veces había percibido en ella. Su pregunta cruzó el espacio entre nosotros como un rayo y acertó en mi mente dejándome sin palabras. Nunca había pensado en una razón específica para pensarla como un demonio; seguro se me había ocurrido una noche cuando al tratar de dormir sólo podía imaginarla, como si de una manera agradable ella invadiera mis pensamientos; quizá fuera por lo escrito en mi libreta "Eve tan lista y perversa, como un demonio.", una frase sin significado que inventé para un cuento que nunca terminé.
─ Hay veces que te pienso como si invadieras mi mente, incapaz de imaginar otra cosa mas que tu sonrisa y me engaño pensando que se debe a que eres un demonio y no a otras cosas. ─le revelé y ella rió un poco dedicándome otra sonrisa que interpreté como una reacción positiva ante la verdad tan directa que acababa de confesar.
─ Y al mismo tiempo eres una flor ─dije en voz baja para que sólo ella me escuchara, como haciendo de esa idea algo muy privado que sólo quería compartir con ella ─. Delgada, delicada, callada... misteriosa. Una flor que me agrada mirar sabiendo que tras sus ojos o sus pétalos hay secretos que la hacen aún más interesante.
─ Demonio y flor... ─dijo para ella misma.
─ Entre otras cosas... ─completé.
Ese par de palabras implicaba muchas cosas, ambas ideas creaban confusión, una por ser oscura, la otra por ser romántica. Y ahora ella sabía que para mí, ella era ambas.
Ante tal idea ella estaba con la mirada perdida, como buscando algo por encima de mi hombro, algo que estaba muy lejos de nosotros. Yo no quería interrumpir el flujo de sus pensamientos, era uno de esos momentos donde sin hablar yo sentía que estábamos juntos, tratando de entender mis palabras y su silencio.

Tomé su mano derecha tratando de sentir lo que estaba pensando, me imaginaba mensajes ocultos en código morse transmitidos a través de su pulso, pero en realidad no decía nada. Deseaba que con mis ojos fuera capaz de ver lo que ocultaba tras sus lentes, de entender su mirada y poder leer en sus ojos lo que ella pensaba de mí.
A diferencia del patrón establecido, verla sonreír era el punto clave, no tenía que interpretar su mirada, me bastaba con una sonrisa para entender el efecto de mis palabras.

Como flor la imaginaba capaz de girar hacia las cosas más brillantes, encontrando siempre en el brillo cierto placer inexplicable, una especie de encanto que la atrapaba.
Lo primero que pensé fue en regalarle la estrella más brillante en el cielo, señalarla en la noche y decirle que era suya, que cualquier noche y en cualquier lugar podía voltear a verla con la seguridad de que podía confiarle lo que quisiera, sabiendo que lo que entre ellas dos ocurriera permanecería en secreto por siempre. Pero era un regalo impulsivo, miles de estrellas se regalaban a diario, su valor ya no era el mismo y yo sabía que su brillo era antiguo; al admirarla ella siempre estaría mirando al pasado.
Era mucho mejor lo que guardaba en mi bolsillo.

Me acerqué a ella sin soltar su mano, me senté a su lado y nuestras miradas quedaron a la misma altura, sin cruzarse. Con dos dedos tomé su barbilla e hice girar su cara hasta que ella me miró a los ojos; todas mis ideas concentradas en una mirada tan hermosa como la sonrisa que estaba buscando.
Me incliné hacia ella y mis labios quedaron a un lado de su oreja, empecé a susurrar la verdad en palabras que no recuerdo, al mismo tiempo con mi mano derecha sacaba algo de mi bolsillo y lo ocultaba dentro de mi puño.
─ Convertí mis pensamientos y sentimientos por ti en esto... ─ susurré mientras abría mi puño sobre la palma de su mano.
Ella giró la cabeza hacia abajo para poder ver el diamante que brillaba para ella.
─ Mejor que una estrella... una estrella llena de secretos. Una estrella de bolsillo... ─ le dije y que me quedé mirándola sin nada más que decir.

Ella apretó el puño y sintió en su mente el brillo del diamante.
Como demonio y flor...
Me miró a los ojos...

Y sonrió.

14.1.10

Hipnosis...

1 comentarios
Tan pronto anochezca voy a detener el tiempo. Haré que el pasado y el futuro se encuentren en un estado atemporal, donde lo que imagino es real, donde ella es posible.
Son muchas las razones por las que lo haré pero sólo una importa, no quiero esperar. Odio que amanezca sin que ella esté a mi lado. Necesito que sus ojos me inviten a dormir y su cuerpo encuentre el lugar adecuado entre mis brazos y me obligue a descansar.
Convertiré la noche en una muerte juntos, en una eternidad para conocernos.

Confiando en que nada es imposible, he pensado en cómo escapar del flujo del tiempo, tuve varias ideas poco comunes, algunas incluso rozan los límites de lo imaginable, pero la solución definitiva llegó a mí a través de un sueño.

Llegaba a una mansión, la cual parecía ser mi casa, entraba tranquilamente, con movimientos fluídos que indicaban una costumbre de algunos años. Todo el lugar estaba en silencio, medianamente iluminado. No estaba seguro si vivía solo o había alguien más. Caminaba con actitud cansada, buscando la sala para relajarme en el sillón. Los detalles en las paredes y los adornos eran borrosos, mi vista sólo se enfocaba en el camino que, inconscientemente, estaba siguiendo. Llegaba a la sala, una estancia muy acogedora con algunos sillones, me acercaba por atrás a un sillón específico, al verlo más de cerca me daba cuenta de que había una persona, su cabello me insinuaba que era una mujer que yo conocía. Me paraba atrás del sillón y, al inclinarme un poco sobre el respaldo, ella giraba su rostro hacia mí y elevaba la vista como en cámara lenta hasta encontrarse con mi mirada, me veía reflejado en su ojo como si yo fuera la llave para entrar en su mente. Ella estaba recostada en el sillón con un libro abierto entre las manos, yo metía mi mano entre su cabello y acariciaba su cuello. Ella no dejaba de mirarme, como si quisiera decirme algo y no pudiera. Yo me inclinaba un poco más para besarla, en ese momento, algo en el libro captaba mi atención, me olvidaba del beso y veía fijamente una palabra que empezaba a hacerse más grande. Un gato dormía sobre un perro en la alfombra, pero yo no los veía porque sólo percibía la palabra repitiéndose cada vez con más fuerza, mayor tamaño.
hipnosis... hipnosis... hipnosis... hipnosis...
La palabra crecía hasta salirse del libro... HIPNOSIS...
Ella cerraba de golpe el libro. Silencio.

Desperté con la solución en la mente y ahora sé cómo voy a hacerlo.
Inducir un estado hipnótico no es sencillo. Esta noche yo he de hacerlo solo, lo cual complica aún más el proceso. Para intervenir el flujo temporal al que me encuentro sometido inventé lo que llamo... Hipnosis por belleza. Un procedimiento autohipnótico que consiste en abstraer la mente con algo muy hermoso, de increíble belleza. Sin dudarlo la he escogido para abstraerme. Su imagen funcionará como catalizador durante el proceso, para ello tengo que escoger las ocho fotos donde se vea más hermosa y he de relacionar cada foto con una sensación o sentimiento en mi mente, de esta manera se crea un nexo entre la belleza y el pensamiento.

Cuando llegue el momento he de eliminar cualquier distracción, me sentaré en la oscuridad frente a la computadora y comenzaré a observar sus fotos, con un tempo específico las iré pasando, de la misma forma irán cambiando las sensaciones en mi mente. Admiraré la belleza, foto tras foto, seré incapaz de hablar, veré con la mente, sentiré con los ojos. Ignoraré el tiempo, modificaré el tempo, alterando así mi percepción sobre el presente. Desaparecerán las horas y seré libre para cumplir mis promesas, para vivir lo que he imaginado, para estar con ella.

Haré que la noche dure lo suficiente para ir a buscarla. Así la próxima vez que amanezca no estaré solo y me iré a dormir con un beso en los labios.. un beso de ella.

Ahora sólo espero... que anochezca pronto.


10.1.10

Reminiscencia de una mujer...de un misterio.

0 comentarios

No estoy seguro en qué momento perdí la cordura, pero créanme, ya no la encuentro. No pretendo culpar a nadie, no quiero señalar y mucho menos susurrar nombres. Pero en el fondo, ustedes y yo sabemos que hay una razón, una razón con un rostro hermoso, con un nombre que no me puedo sacar de la cabeza. Échenle la culpa al amor si quieren, pero estarán equivocados, no estoy enamorado, no aún, eso fue hace mucho tiempo y se requieren miles de palabras para volver a intentarlo; he pensando en la obsesión pero dudo mucho que éste sea el caso, sinceramente no me siento obsesionado; es probable que haya deseo de por medio pero no tengo intenciones de averiguarlo, no sin antes pensarlo más a fondo.

Descartar las opciones anteriores me ha obligado a encerrarme en mi sillón y pensar, ignoro el frío y me enfoco en el misterio, ella. Empezaré asumiendo que, como cualquier otro misterio, me gusta y me llama la atención. Excusa suficiente para pensar e incluso soñar con ella.

Y es que tengo una reminiscencia de lo que ella me hizo sentir y no me puedo permitir olvidar eso tan fácilmente, la existencia de un pasado me permite acercarme en el presente, algo necesario cuando se ambiciona un futuro específico.

Los planes son inútiles, me queda claro que ella es impredecible, por lo que tengo que improvisar y es aquí donde, posiblemente, pierdo la cordura. Porque ella suele ser una hermosa contradicción que, a veces, me es imposible entender. Y eso la hace más atractiva. Por lo que debo confiar en mi mente, ser capaz de interpretar las cosas que no se han dicho, las cosas que nunca se dirán.

El secreto está en los detalles, pequeñas cosas capaces de comunicar u ocultar información importante. Y es así como la voy conociendo.

Esto podría parecer una vía de liberación para mi mente, dejar de lado los secretos y confesar, pero no es así, revelar ciertos pensamientos no hace las cosas más fáciles, al contrario, me recuerda que debo ser más cuidadoso con lo que aún debo ocultar.

Esta es mi particular manera de expresarme, de hacer llegar un mensaje.

Necesito más pistas, más detalles para "sonreír", porque de esa manera alimento mi imaginación y mi curiosidad.

Y en la sangre que compartimos corre la esperanza de volver a verla a los ojos y tener la llave para entrar a través de ellos y saber lo que piensa y conocer lo que siente.

Al principio de este mensaje dejé ir ocho besos a través de la noche, ahora amanece y presiento que todos han muerto congelados en el camino, sin llegar a su destino.

Imagino que sus besos son más fuertes que los míos y pienso que a nadie haría daño que un día a ella se le escapara un beso y... ese beso... de alguna manera... llegara a mí.