-Lo sé. No imagino otra razón por la que vendrías, tienes la particular costumbre de aparecer cuando necesitas algo, incluso cuando sólo se trata de un beso. Empiezo a pensar que conocerte fue un error, hay noches que me desvelo pensando en tí y hay otras donde no puedo siquiera pensar en tu nombre. Me encanta verte pero no sé si me agrade la idea de ser yo el que te espere.- Le dije mientras limpiaba su herida que seguro era producto de una más de sus historias secretas, de ese trabajo del que no se atrevía a hablar.
-Tú sabes que no es tan sencillo, sabes que si por mi fuera estaría contigo.- dijo ella y me volteó a ver con esa mirada sincera, hasta inocente se podría decir, que los años le habían enseñado a fingir.
-¿Lo sé? En serio ¿Lo sé?, yo ya no sé qué pensar al respecto.
-Quizá no, pero estoy segura de que lo sientes. Vengo aquí porque siempre encuentras la manera de ayudarme y no me juzgas por lo que hago, esa sería suficiente razón para amarte.
-No me amas, en algún momento lo hiciste pero ya estamos más allá de eso; no hay que engañarnos, no hay forma de llamar a lo que hay entre nosotros y espero que nunca lo haya, estoy seguro de que dejaría de ser especial.- Ella se quedó callada, sabía que era inútil tratar de convencerme de algo en lo que ni siquiera ella creía, no podía utilizar las palabras para engañar al hombre que le enseñó a usarlas.- El corte es bastante profundo, voy a tener que coser, quítate la blusa y trata de no moverte que va a doler un poco.
-Siempre ha dolido.-lo dijo al mismo tiempo que revelaba las finas líneas de su espalda y después de lo que yo había dicho los dos sabíamos que ella no se refería a la herida.
Terminé de coser el corte y ella sólo se había atrevido a apretar mi hombro una vez para aguantar el dolor, sin duda era la mujer indicada para lo que hacía, a lo largo de los años fui testigo del peligro de su trabajo y hasta ahora seguía viva, su belleza y delicada figura podían engañar a cualquiera pero nada en ella era frágil y eso la convertía en la mejor.
-Tú sabes lo mucho que me gusta firmar mi trabajo, los detalles siempre me han sido importantes.- le dije y le dí un pequeño beso sobre la herida, un símbolo para que no olvidara ese momento.- Al menos ahora tendrás una cicatriz que lleva mi nombre y no habrá forma de que te olvides de mí- reí un poco y alcancé a ver una ligera sonrisa en su rostro; no importaba lo feas que se pusieran las cosas siempre lograba hacerla sonreír.
-Alejandro no hay forma de que me olvide de tí, al menos no en esta vida, tenemos una historia juntos y las palabras que hemos escrito son sólo huellas de cicatrices más profundas que llevan tu nombre.-me tomó del cuello y me besó, no hay forma de describirlo, esos labios se describen por sí solos no permiten que los opaques con palabras inútiles. Fue su forma de agradecerme pero también una forma de recordarme que había vuelto, a veces pienso que hay besos que son capaces de borrar el tiempo, ese podría ser uno de esos.
Nos separamos y sonreímos, la noche era fría, como lo son las noches que valen la pena, así que la ayudé a ponerse la blusa, amaba su espalda pero hay noches que sólo merecen un beso.
Nos alejamos de la barra para sentarnos en el sillón, negro, cómodo, un lugar para platicar.
-Y ahora, ¿a quién hay que matar?.- le dije en broma para empezar a hablar del lío en el que estaba metida.
-Ojalá se resolviera tan fácilmente, esta vez es algo muy serio, van a ser tiempos complicados.-me dijo mirándome directamente a los ojos y yo le creí.
En ese momento sonó el timbre del departamento, más visitas inesperadas en la misma noche, ella sabía como volver mis noches interesantes.
-K, necesito saber ¿qué hiciste?-le pregunté y no permití que hubiera preocupación en mi voz, yo también soy el mejor en lo que hago.
-Engañé al hombre equivocado.