10.4.10

Demonio y flor...

La miré a los ojos y le dije toda la verdad. Pero la verdad no era más que una historia que, como tal, tenía que ser contada con las palabras adecuadas; de otra manera corría el riesgo de quedar frente a ella, frente a su mirada, como un mentiroso al que se le han agotado los recursos más sutiles.
Se trataba de una historia llena de dudas y certezas inventadas, cosas que había imaginado o soñado desde que la conocí, y esa era mi forma de decirle que pensaba en ella, sin importar lo extraño de mis ideas.

Y ahí estábamos, en un silencio muy propio de nosotros; sin tomar en cuenta el tiempo y esperando escuchar la voz del otro.
─ Para mí, a veces eres una clase de demonio ─le dije mirando cómo jugueteaba con sus dedos ─. uno muy hermoso ─añadí mientras subía mi mirada para encontrarla sonriendo como sólo ella sabe hacerlo cuando digo cosas que parecen no tener sentido.
Yo esperaba silencio de nuevo.
─ ¿Y eso por qué? ─ me preguntó con una curiosidad que pocas veces había percibido en ella. Su pregunta cruzó el espacio entre nosotros como un rayo y acertó en mi mente dejándome sin palabras. Nunca había pensado en una razón específica para pensarla como un demonio; seguro se me había ocurrido una noche cuando al tratar de dormir sólo podía imaginarla, como si de una manera agradable ella invadiera mis pensamientos; quizá fuera por lo escrito en mi libreta "Eve tan lista y perversa, como un demonio.", una frase sin significado que inventé para un cuento que nunca terminé.
─ Hay veces que te pienso como si invadieras mi mente, incapaz de imaginar otra cosa mas que tu sonrisa y me engaño pensando que se debe a que eres un demonio y no a otras cosas. ─le revelé y ella rió un poco dedicándome otra sonrisa que interpreté como una reacción positiva ante la verdad tan directa que acababa de confesar.
─ Y al mismo tiempo eres una flor ─dije en voz baja para que sólo ella me escuchara, como haciendo de esa idea algo muy privado que sólo quería compartir con ella ─. Delgada, delicada, callada... misteriosa. Una flor que me agrada mirar sabiendo que tras sus ojos o sus pétalos hay secretos que la hacen aún más interesante.
─ Demonio y flor... ─dijo para ella misma.
─ Entre otras cosas... ─completé.
Ese par de palabras implicaba muchas cosas, ambas ideas creaban confusión, una por ser oscura, la otra por ser romántica. Y ahora ella sabía que para mí, ella era ambas.
Ante tal idea ella estaba con la mirada perdida, como buscando algo por encima de mi hombro, algo que estaba muy lejos de nosotros. Yo no quería interrumpir el flujo de sus pensamientos, era uno de esos momentos donde sin hablar yo sentía que estábamos juntos, tratando de entender mis palabras y su silencio.

Tomé su mano derecha tratando de sentir lo que estaba pensando, me imaginaba mensajes ocultos en código morse transmitidos a través de su pulso, pero en realidad no decía nada. Deseaba que con mis ojos fuera capaz de ver lo que ocultaba tras sus lentes, de entender su mirada y poder leer en sus ojos lo que ella pensaba de mí.
A diferencia del patrón establecido, verla sonreír era el punto clave, no tenía que interpretar su mirada, me bastaba con una sonrisa para entender el efecto de mis palabras.

Como flor la imaginaba capaz de girar hacia las cosas más brillantes, encontrando siempre en el brillo cierto placer inexplicable, una especie de encanto que la atrapaba.
Lo primero que pensé fue en regalarle la estrella más brillante en el cielo, señalarla en la noche y decirle que era suya, que cualquier noche y en cualquier lugar podía voltear a verla con la seguridad de que podía confiarle lo que quisiera, sabiendo que lo que entre ellas dos ocurriera permanecería en secreto por siempre. Pero era un regalo impulsivo, miles de estrellas se regalaban a diario, su valor ya no era el mismo y yo sabía que su brillo era antiguo; al admirarla ella siempre estaría mirando al pasado.
Era mucho mejor lo que guardaba en mi bolsillo.

Me acerqué a ella sin soltar su mano, me senté a su lado y nuestras miradas quedaron a la misma altura, sin cruzarse. Con dos dedos tomé su barbilla e hice girar su cara hasta que ella me miró a los ojos; todas mis ideas concentradas en una mirada tan hermosa como la sonrisa que estaba buscando.
Me incliné hacia ella y mis labios quedaron a un lado de su oreja, empecé a susurrar la verdad en palabras que no recuerdo, al mismo tiempo con mi mano derecha sacaba algo de mi bolsillo y lo ocultaba dentro de mi puño.
─ Convertí mis pensamientos y sentimientos por ti en esto... ─ susurré mientras abría mi puño sobre la palma de su mano.
Ella giró la cabeza hacia abajo para poder ver el diamante que brillaba para ella.
─ Mejor que una estrella... una estrella llena de secretos. Una estrella de bolsillo... ─ le dije y que me quedé mirándola sin nada más que decir.

Ella apretó el puño y sintió en su mente el brillo del diamante.
Como demonio y flor...
Me miró a los ojos...

Y sonrió.

1 comentarios:

Alejandro 2 dijo...

Despues de 3 meses por fin abandonas la melancolia......... lo que pueden hacer 2 ojos de ingenieria.
Quiero leer pronto cosas igual de alegres, lo que me dirá que eres feliz con tu vida, tu pareja y tu familia.
Recuerda que estas siempre en la mente de quienes tkm

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